Sea cual sea la agonía que se esté viviendo, se la está viviendo en privado. Con su mujer quizás. Amigos cercanos. Sus agentes. Quizás hasta con su manager Terry Francona.
Algún lugar donde no estén anotando, filmando o grabando sus pensamientos. A días de dar comienzo a la temporada regular, Mike Lowell sigue estando en el limbo al igual que cuando comenzó el campo de entrenamiento con un nuevo antesalista, o yendo aún más hacia atrás, al último día de diciembre cuando los Medias Rojas cerraron un trato con los Vigilantes de Texas que más tarde fue invalidado.
Pero Lowell, tras una sesión con los medios a comienzos del entrenamiento primaveral, ha prometido no hablar en público acerca de su futuro incierto, la extrañeza de aún estar aquí en un rol de sustituto por el que tiene poco aprecio, la posibilidad de ser cambiado, la posibilidad de que los Medias Rojas podrían simplemente asumir su contrato de $12 millones y dejarlo libre, todas opciones que aún son viables. Y ha mantenido esa promesa.
Lo más próximo que llegó a discutir su situación fue durante la victoria 6-4 de Boston el miércoles contra los Piratas de Pittsburgh cuando se le preguntó si su recuperación de una operación de cadera a la que se sometió en el 2008 no había avanzado tanto como se había predicho. Lowell dijo que los doctores le dijeron que le iría mucho mejor en la segunda temporada luego de la operación para reparar el labrum roto en su cadera.
"Con los rayos x y todo lo que hice, creo que no estaba al tanto de cual era el mejor caso para mi cadera y status quo post operación", dijo, "lo que implicaba que el cartílago dañado en la cadera no iba a mejorar".
"No se si fue mi optimismo -- creo que eso fue lo que me dijeron -- lo que me ayudó a recuperarme. Yo diría que en ese sentido, ¿lo compararía a como yo corría en el 2007? No, yo diría que no.
"En ese sentido, es un poco decepcionante, pero me mantengo en decir que a principios del año pasado, la situación era más delicada, y... creo que estoy mejor que el año pasado".
Lowell dijo que no tiene problemas para saltar. Puede hacer fuerza sobre sus dos pies. Su primer paso, importante para proteger la tercera base, está mejorando. Su fuerza en general ha mejorado.
Lo que esperaba, dijo, era poder correr como lo estaba haciendo antes de la operación. Eso no se ha sucedido, incluso utilizando una abrazadera, lo que parece que empeora su condición. Dijo que dejó de utilizarla.
"Hay una cierta condición en la cadera que nunca me permitirá llegar al punto en que estaba en el 2007 o antes", dijo. "Claro que eso es decepcionante".
Decepcionante, dijo, pero no debilitante.
"No puedo creer que alguien me seleccionara en el sorteo o me haya puesto en alguna posición en la alineación", dijo, "a causa de mi habilidad de correr un doble. Y lo digo en serio".
Los equipos que están contemplando un intercambio por él -- los Vigilantes y los Marlins de Florida están entre esos equipos -- probablemente no se entusiasmen cuando se enteren del auto-diagnóstico de Lowell. Y como ha tenido apenas un puñado de turnos al bate -- 10, en los que ha producido un hit -- podría haber dudas con respecto a lo que pueda llegar a hacer ofensivamente, aunque con su cadera en peores condiciones la temporada pasada, Lowell consiguió números respetables (.290, 17 jonrones, 75 carreras impulsadas), especialmente por el hecho que se perdió 43 partidos.
El dedo quirúrgicamente reparado de Lowell, dijo, no es un problema, al menos cuando está en juego. Aún hay fatiga, dijo, cuando toma muchos swings, pero en cuanto a lo que él puede evaluar, su actuación del juego no queda afectada.
A la cara de los opositores, Lowell ha mantenido la gracia y el sentido de humor que lo caracterizan y que es apreciado por aquellos que lo han acompañado a lo largo de su carrera 11 años en las Mayores.
Oigan, por ejemplo, a la forma en que describió como jugar primera, que jugó el miércoles, lo ha hecho más conversador.
"Se me preguntó, '¿Cómo están los hijos y la familia?' '¿Este muchacho va a entrar al equipo?' '¿Quién es este muchacho?'", dijo.
Las palabras realmente vuelan, dijo, cuando un corredor llega a base y el entrenador de primera base, que el miércoles era Carlos García de los Piratas, sale para consultar al corredor.
"Casi no se puede hablar", dijo Lowell. "Cuando llegaba a primera base yo saludaba al primera base, pero luego de tres o cuatro lanzamientos te vas. Siento que conozco a García. Ya es casi familia después de cinco entradas. Ahora entiendo porque todos aman tanto a Sean Casey. Sabe la historia de familia de cada entrenador de primera base".
Lowell dijo que hay aspectos de jugar primera base que disfruta. Está mucho más involucrado en muchas más jugadas, y no tiene que preocuparse por los tiros que solía hacer en tercera base. De todas maneras, dijo, siempre analiza una lista de cosas que debe hacer que aún tiene que convertirse en un hábito.
Los Medias Rojas tienen otras opciones como reserva en primera y tercera base. Bill Hall puede jugar en tercera. Kevin Youkilis puede cruzar el diamante de primera a tercera. Víctor Martínez puede jugar en primera. Lowell no encaja una necesidad evidente como reserva, y no recibe suficientes turnos al bate en ese puesto como para conservar su bate. Con Jed Lowrie fuera a causa de una mononucleosis y Hall una alternativa poco convincente en campocorto, los Medias Rojas dejaron en claro que están en el mercado por un campocorto sustituto.
Lowell dejará que otros consideren los distintos escenarios. Lo único que sabe es que jugará nuevamente el sábado, probablemente en tercera base, según Francona. Más allá de eso, no va a decir una sola palabra. Al menos no por ahora.
"Me encantaría hablar más con ustedes", dijo, "pero tengo que tomar el bus".
| Enviar a un amigo |
|


