BRISTOL -- De Javier Marías no conozco mucho. Español, novelista y miembro de la Real Academia Española en la que ocupa el sillón R. Admitir que no tengo cerca su obra es dejar expuesta una debilidad que no temo superar y muy pronto. Si de Marías conozco poco, lo que conozco es que le gusta mucho el fútbol. En el 2000 publicó "Salvajes y Sentimentales" una recopilación de cuentos de fútbol. Para Marías "el fútbol es la recuperación semanal de la infancia". Al novelista lo buscaré por el fútbol, el mismo que nos lleva a vivir una vez mas como chicos.
Este fin de semana ofrecía un pasaje gratis en tren de alta velocidad hacia esa niñez. En su recta final los torneos europeos permiten que cada partido de los punteros ofrezca la emoción que desconecta concientemente de la realidad. La que hace las manos aprieten con fuerza el asiento de la silla, si es que el momento nos toma sentados. La emoción que desgaste dentaduras y acelera pulsaciones.
En el Bernabéu la agitación llegó hasta que marcó el rival. El gran error del Sporting fue anotar tan temprano y lo hizo a los ocho del segundo tiempo. Más tardaba en marcar el cuadro asturiano, mas tardaba el Real Madrid en despertar. Los merengues lo definirían tan tarde o tan temprano como entraran en contacto con su pegada. Despierto el monstruo llegaron los sustos, algo tan inevitable como que uno de esos los generara Higuaín. El delantero más rentable, más efectivo y menos mediático del Real Madrid. Lamentable que la innegable mano de Van der Vaart volcara la carga anímica en contra del Sporting y desviara la atención hacia ayudas que no necesita el Madrid.
En San Siro la ilusión por una remontada rumbo al scudetto era más fuerte que nunca. El Inter sacó de su baúl el uniforme modelo Serie A. Uno que tiene que enviar urgentemente al lavadero. Con ese ha ganado solo ocho puntos de los últimos veintiún puntos posibles y permitió que el Milan, Dolce & Gabbana y todo, se acerque. Los títulos de liga, en torneos largos sobre todo, premian la regularidad y castigan todo lo que ha sido el Milan. Por irregular es segundo. Ante Napoli empató en un vibrante partido, pero ante el mismo rival dejó cuatro puntos en toda la temporada y esos pueden significar la diferencia en mayo que es cuando se conoce al campeón y al más regular.
La Premier tuvo su clásico aunque esta definición sea disputada por el espíritu local de tantos derbys. Manchester United y Liverpool marcaron épocas y su distancia geográfica, por corta que sea, no permite acercamiento sentimental. Remontaron un gran gol de Torres que se elevó como una torre para marcar de cabeza. Empató Rooney al meter un penal que no existió porque la falta que lo provoca se da fuera del área. El coreano Ji-Sun Park se lanzó en un vuelo de infancia. Como un un parque, para ganarlo de palomita. Empatando el Chelsea que vive de los blues de la eliminación europea, la Premier no se definirá por este fin de semana, pero puede marcar una tendencia.
De water polo no hablo y hasta allí llega mi análisis de los diez minutos de natación en La Bombonera entre Boca y River.
La jornada cerró con una puesta en escena más del mejor jugador de fútbol de nuestra era. Privilegiados somos de ser testigos de la calidad que Leo Messi despliega en cada partido con el Barcelona. Culmina una semana con dos tripletes en Liga y un doblete en Champions. Entró en el top-10 de goleadores históricos del Barcelona, tiene 114. Con diez más, es top-5. Con 25 en la Liga ha marcado más que el Espanyol y el Xeréz. Ha jugado quince partidos en fila, con 18 goles en el trayecto. Messi está a un gol de Rooney en la carrera por el Botín de Oro europeo. Lo pudo alcanzar pero mostró otra de sus bondades al ceder el penal a Ibrahimovic.
"Mientras mas patadas recibo, mas ganas tengo de participar" dijo hace poco, Ponzio lo recibió con patadas y Leo respondió con gambetas. Buena receta. Ni la infección en la muela lo detuvo. Sólo el Grandoli, su equipo en Rosario, será testigo de un mejor momento para el mejor del mundo. Leo Messi resiste cualquier comparación y por lo mismo, está signado a colocarse en un trono exclusivo y adueñarse de una era. Si no es el mejor de la historia, antes no hubo uno mejor. Vivir en la era de Messi es un privilegio. Al fútbol y a Messi, gracias.
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